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Aventura a dos ruedas por la Patagonia

Comienza el viaje En marzo de 2003, Carlos Cuenca, componente del Club Ciclista Montecerrao-Siglo XXI, se embarcó en la aventura de un viaje por la Patagonia con la única compañía de su bicicleta de montaña y sus alforjas. El relato de este viaje lo publicó posteriormente en la revista Asturias Aventura, y es lo que podéis leer a continuación. Todas las fotografías son propiedad suya.

 

TEXTO Y FOTOS: CARLOS CUENCA FERNÁNDEZ

Por circunstancias de la vida me vi obligado a viajar hasta Argentina en el mes de Marzo, circunstancia que no podía desaprovechar. Este país tiene unos 4.000km de norte a sur y una superficie de casi 4.000.000 km2 lo que nos da una pequeña idea de su enormidad, por lo que tuve que descartar casi todo lo que me vino a la cabeza de este bello país en un primer momento y decidirme por una ínfima parte de la inmensidad patagónica, una de las zonas mas despobladas de Argentina con una densidad de 0,5 h./km2.

El avión en el que embarqué en Buenos Aires me dejó en un bonito pueblo llamado Calafate (nombre de un pequeño arbusto de la zona cuyas bayas son muy apreciadas), dentro del "Parque Nacional los Glaciares" en el sur de la Patagonia, donde cogería un pequeño "ómnibus" (autobús) que me lleva a unos 200km al norte por caminos de "ripio" (sin asfaltar), trayecto que tardaría cuatro horas y media en hacer, por lo que llegué completamente de noche a un pueblecito mítico entre los escaladores Chaltén al pie de unas de las montañas más bellas, espectaculares y deseadas del mundo: el Fitz Roy y el Cerro Torre.

Vista de la PatagoniaAl día siguiente mi compañera de dos ruedas, las alforjas y yo empezamos una pequeña aventura con un amanecer espectacular y sin una nube en el cielo, cosa excepcional por esta tierra, empecé la jornada con una sobredosis de emociones, nada mas salir del pueblo y parar para darme la vuelta y hacerle una foto me encuentro delante de la cara con el paisaje mas alucinante que nunca habla visto, la inmensa mole del Fitz Roy elevándose sobre sus verticales paredes y la inmensa aguja del Cerro Torre coronada en su cumbre por un hongo de nieve todo ello iluminado por una espectacular luz matinal.

El fuerte viento patagónico me acompañó todos los días, pero este día lo tenia a favor así que a pesar de los cuarenta kilos que pesaba la bicicleta llevaba un pedaleo ágil, según me voy alejando de la cordillera el paisaje se transforma rápidamente y pasa del verde de los bosques de “lenga”, el blanco de la nieve y los glaciares y el anaranjado de las verticales paredes de las montañas a un monótono amarillo pálido de la inmensa llanura patagónica atravesada por rectas interminables de “ripio”.

PuenteHasta casi el final de la jornada no dejó de acompañarme la espectacular silueta del Cerro Torre y el Fitz Roy a mi espalda. La primera acampada me regaló un atardecer espectacular lleno de intensos colores y el primero de mis problemas, la poca vegetación dura y espinosa me había traspasado el suelo de la tienda y pinchado la esterilla con lo que tuve que hacer uso por primera vez del kit de reparaciones y con un poco de cinta americana solucioné el pinchazo de la esterilla.

Estos primeros días, aunque llevaba suficiente, cogí agua de los lagos por los que pasaba, pero que debido al color lechoso que se le veía en la botella no me atreví a beber hasta que paré en una “estancia” a pedir un poco de agua con la sorpresa de verle el mismo color, a partir de aquí bebí el agua de este color tan especial sin ningún problema. Cuando empiezo a ver el lago Argentino se despliega ante mi una multitud de tonalidades azules y una superficie de agua dulce de unos 4000 km. uno de los lagos más grandes de América. Poco antes de llegar a Calafate se acaba el camino de "ripio" y empiezan los únicos 30 Km de asfalto de todo el viaje. Dando un giro de 90° a la derecha de repente tengo toda la furia del viento de cara, entre esto y el chaparrón que me cala encima tardé cuatro horas en recorrer estos 30km y llegar a Calafate donde me esperaba una buena comida y un cómodo descanso.

GlaciarA partir de aquí el mal tiempo no me abandonaría hasta el último día, ahora me dirigía hacia otra de las maravillas de este parque: el mundialmente conocido glaciar Perito Moreno; según me acerco el paisaje retorna otra vez a los verdes y blancos de los bosques y glaciares. La primera visión del glaciar da una sensación de inmensidad caótica, con una achura en su parte terminal de 5 km de hielo desplomándose sobre el lago Argentino y una altura sobre el nivel del agua de unos 70m. Un vez a su vera sobrecogen los lamen-tos de este gigante que parece estar vivo pero los momentos mas espectaculares son cuando escupe con rabia enormes trozos de hielo sobre las aguas del lago empequeñeciéndonos a todos con el enorme ruido y las grandes olas que forma en el lago.

De aquí el plan es seguir rumbo sur con la intención de conocer el Parque Nacional Torres del Paine. Esto me lleva hasta la frontera chilena donde tras el registro de las alforjas no me querían dejar pasar la fruta y los embutidos que llevaba, mas bien creo que querían merendar embutidos españoles a mi costa, problema que solvente gracias a la ingenuidad de esta gente, ya que me dijeron que me lo podía comer y cuando me dejaron comiendo solo volví a esconder la mayoría del embutido y no me pusieron mas problemas.

EstepaNada más entrar en el Parque Nacional Torres del Paine lo primero que me sorprende es el intensísimo color azul del lago Sarmiento con el macizo montañoso de las Torres del Paine detrás. El resto de los días lo dedicaría a conocer gran parte del parque. Siempre con la esbelta presencia de las Torres entre las nubes me dirigí hacia la laguna Azul en la parte norte del parque pasando antes por la cascada Paine en el rio del mismo nombre.

La presencia casi constante de los guanacos y cóndores no me abandonaría durante los siguientes días. De aquí me iría hasta el refugio Pudeto a la orilla del lago Pehoe y en la falda de los Cuernos del Paine, enormes formaciones montañosas cuyas cumbres de color negro les dan el nombre y las hacen únicas en el mundo. Pasaría la noche solo en este pequeño refugio dotado únicamente con cuatro literas y una mesa; durante la noche seria despertado varias veces por los bruscos movimientos de esta pequeña construcción a causa de los fuertes envites del viento. A la mañana siguiente me dirijo al refugio del Toro a orillas del lago del mismo nombre pasando antes por el "Salto Grande", un salto de agua no muy grande pero con un gran volumen de agua que lo hace muy espectacular. Cerca del refugio se encuentra la sede administrativa del parque en la que residen parte de los guardas del parque, gente que me recibió con gran hospitalidad y con la que entablé una buena relación fruto de la cual me hicieron el gran favor de llevarme a ver uno de los animales mas difíciles de encontrar en el parque debido a su escaso número y a su carácter huidizo, el "huemul" especie de pequeño tamaño de la familia cervidae llevado hasta su practica extinción por la caza sistemática durante el periodo colonizador.

CoordilleraOtro de los lugares que visite fue la "Bahía de los Témpanos" zona en la que embarrancan enormes témpanos de hielo de un increíble color azul intenso procedentes del glaciar Grey situado a 14km y traídos hasta aquí por la fuerza del viento creando un paisaje muy singular.

Los días se me acaban y me tengo que ir del parque, cosa que hago por la zona sur del mismo con el mismo mal tiempo que los días anteriores pero con un frio especialmente intenso. Al poco de salir del parque me encuentro en una de las situaciones mas difíciles del viaje, estoy en medio de un puente de madera en muy mal estado encima de unas tablas de unos 50cm de ancho azotado por un viento especialmente fuerte, una intensa corriente de agua a 10cm de los pies y una bicicleta de 40kg en la mano, las ganas de dar la vuelta se me quitaron al mirar hacia atrás y ver que estaba justo en el medio del puente así que seguí hasta el final con una enorme tensión. Al poco de cruzarlo me encuentro otro de menor longitud pero en igual o peor estado, con la experiencia del anterior lo afronto con los mismos temores pero con mas decisión y la cosa se resuelve sin ningún percance, esta jornada me seguiría sorprendiendo y esta vez la sorpresa es en forma de nieve, no dejaría de nevar el resto del día. Unos kilómetros mas adelante la nueva sorpresa es en forma de puente desaparecido, con lo que me tengo que descalzar, quitar los pantalones y con el agua por encima las rodillas y nevándome encima cruzo el río; el resto de la jornada no volvería sentir los pies. Al final llego al punto que tenia señalado en el mapa, una cabaña a orillas del lago Toro.

DescansoAl día siguiente sería el último en bicicleta por Patagonia, ya que después de 106km, pasar algún que otro arroyo con el agua por los tobillos y un pequeño rodeo involuntario llego a Cerro Castillo, un pequeño pueblo en la frontera Chileno-Argentina donde me recogería un coche que me llevaría hasta Calafate lugar en el que cogería al día siguiente el avión.

Después de 900km la sensación final del viaje es de no querer marcharme y seguir conociendo las maravillas naturales de esta remota zona del mundo disfrutando de la hospitalidad de sus gentes.

 
 

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